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CUIDAR A QUIENES CUIDAN

“En los sueños comienzan las responsabilidades”.

-W. B. Yeats-

¿Cómo sería un mundo  soñado  donde los cuidados estuvieran en el centro de la vida? Un mundo donde  el equilibrio entre cuidar y ser cuidada/o fuese lo normalizado. ¿Lo imaginamos? 

Estaríamos hablando de autocuidado y del cuidado al otro/a. También implícito a ello estaría el dejarse cuidar,  como parte del equilibrio necesario para una buena salud física y emocional.  Buentrato a todos los niveles: personal, relacional, social, planetario…

¿Quizá el mundo de cuidados necesite ser  antes soñado como tal  para que todas las personas, sin distinción,   asuman la responsabilidad de ello?

¿Paramos un momento y lo imaginamos? 

Un, dos, tres… ¡volvamos!

Mientras preparaba esta entrada,  en colaboración con el Consejo Asesor de la Fundación, me preguntaba que si partimos  ya de  la importancia que tiene el cuidarse y el cuidar,  ¿por qué hay tanto déficit de ello?,   ¿por qué, me pregunto, hay tanto desequilibrio  en la asunción de esta responsabilidad?.  

Como decía,  al preparar esta entrada conversábamos sobre ello, y aportando ideas,  en especial Paloma Andrés argumentaba que «cuidar es la manera de implementar el Buentrato en lo cotidiano. Y que  uno de los verbos en relación al Buentrato  es precisamente este verbo:  CUIDAR.  Y seguía diciendo que este es un verbo reflexivo,  lo que significa que  cada persona puede cuidarse  a sí misma también y proveerse de lo necesario para estar bien. Y así, estando bien y aprendiendo a cuidarse,  puede aprender a cuidar de los otros seres vivos».  (Haciendo extensible los cuidados a seres no humanos, al planeta).  

Si buscamos la definición en el diccionario nos encontramos con que cuidar es: poner atención, diligencia o solicitud en la ejecución de algo. Cuidar también se refiere a conservar, asistir y guardar.

Por tanto, cuidar es estar atento/a a las necesidades que  cualquier ser vivo precisa para encontrarse bien y asistirlos. Es empatizar con las dificultades, con las carencias, con las necesidades del otro,  de las otras,  y de “lo otro”, es responsabilizarse y dar respuesta en la medida que nos sea posible. 

¿Pero qué pasa  en la realidad normalizada con esta tarea tan necesaria?

En este sistema social patriarcal nos encontramos que «en el ámbito privado los cuidados han sido encomendados a las mujeres en su totalidad y en exclusiva en forma de mandato. Las mujeres han de cuidar de su familia, de sus hijos e hijas, de sus padres, de sus parejas para que ejecuten eficazmente otros mandatos», como también decía Paloma.

Y en el ámbito público, social y económico-laboral, la feminización de sectores como la educación (en especial en etapas de infantil y primaria, pero también en secundaria), en la sanidad, más en la parte de cuidados como enfermería, en  el mundo de cuidados asistenciales a personas dependientes, en el cuidado de limpieza de los espacios que nos acogen…  en todos ellos  son  mujeres casi en exclusiva o mayoría quienes desempeñan dicha labor.  

¿Y quién cuida a quienes cuidan?

Si ya existe un  desequilibrio en el reparto de esta responsabilidad en el ámbito privado,  lo que supone una carga muy grande para las mujeres, en esta situación de pandemia se agrava considerablemente, al haberse sumado a la carga de cuidados que tradicionalmente ya asumen,  (por impositivo social) la carga extraordinaria en trabajo y atención que supone un momento como este en los sectores feminizados,  donde la angustia, la precariedad laboral, el exceso de trabajo, la falta de personal, las dificultades añadidas como uso de mascarillas, confinamiento y tele-educación bajo el mismo techo,  la exposición al contagio en estos sectores feminizados es mucho mayor… Esto nos lleva a concluir  que  recibir cuidados se convierte en un derecho naturalizado socialmente, en mayoría para los hombres,  y en un deber naturalizado de darlos  para las mujeres. 

Lanzamos una reflexión necesaria para una respuesta de urgencia.

¿Qué podemos hacer para equilibrar esta balanza cuyo peso recae estrepitosamente sobre las mujeres que son en mayoría las cuidadoras en lo privado, profesional y en lo social?.

¿Cómo lograr el Buentrato personal, relacional, social, planetario, que haga de la vida un lugar disfrutable también para ellas/nosotras?

Aprender a cuidarnos y a pedir y recibir cuidados es empezar por el principio. Debería enseñarse desde edades tempranas: autocuidado emocional, corporal, mental, espiritual, planetario. Y la necesidad y el derecho en el equilibrio entre dar y recibir también.

Unos y otras hemos de integrar ambos pares y desarrollar el placer de cuidar y el placer de ser cuidadas. Mientras lo vamos desarrollando es imprescindible cuidar de las personas que cuidan, ya sea a personas mayores, dependientes, enfermas., y que suman a ello el cuidado también de la familia, ya sea de la pareja varón, de sus hijas/os, etc.

Las  personas cuidadoras  necesitan cuidarse y ser cuidadas, sino la sobrecarga les pasará factura a su salud física y emocional. 

Ser cuidada   y cuidar es un derecho y un deber en una sociedad que sitúe en un lugar prioritario la vulnerabilidad y el cuidado de la vida.

Es una misión fundamental de la Fundación dar contenido al buentrato. Y en el espacio de las relaciones hacer recíproco  el binomio cuidar y ser cuidadas y cuidados. Para ello  se han creado espacios de escucha y cuidado a través de talleres diseñados para personas  comprometidas en esta labor, como es el caso de personas implicadas en el acogimiento y  cuidados de otras personas migrantes, refugiadas, exiliadas que han vivido situaciones de violencia extrema.

Así mismo seguimos organizando grupos, de mujeres sabias, de hombres con corazón, interculturales, para facilitar un espacio de autocuidado y de cuidado de las/os otras/os. Próximamente, a finales de febrero, comenzará uno de mujeres sabias. Os recordamos que si estáis interesadas/os nos escribáis porque iremos abriendo nuevos grupos continuamente.

Nos hace falta parar… Autocuidarnos y ser cuidadas. 

Buscar en medio de todas las exigencias diarias nuestro espacio propio y nuestra propia manera de vivir supone todo un reto en el que las mujeres nos jugamos nuestra salud. No siempre es fácil, pero sí, es posible. ¡Y necesario!.

Seguiremos en próximas entradas con el tema del autocuidado.

Un cálido saludo.

Inés González Sánchez- Editora del Blog

Fundación de Terapia de Reencuentro

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